| Mujeres Olvidadas |
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| escrito por SARITA | |
| Thursday, 11 de October de 2007 | |
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Es un artículo de opinión para poner en evidencia como los empresarios del sector de conservas de pescado de Chimbote se aprovechan y usan a las mujeres fileteras (conserveras) para obtener beneficios económicos. Son mujeres olvidadas por las autoridades, pese a ser la principal herramienta del sector conservero, ganan míseros sueldos y parece que nadie se da cuenta de ello, aunque lo real es que nadie quiere hablar de ello, porque hay intereses económicos de por medio MUJERES OLVIDADAS La mañana del 07 de julio del 2003, una multitud tomó virtualmente en pacífico asalto las calles de Chimbote, eran miles de mujeres, entre adolescentes y otras con algunas décadas más encima, en su mayoría provenientes de las zonas más pobres de Chimbote y sus alrededores, quienes correctamente uniformadas, y quien sabe si por convencimiento u obligación, salieron a las calles para alzar su voz de protesta ante una posible para algunos, e inminente para otros, derogación del Decreto Supremo Nº 001-2002 – PRODUCE. Ellas eran las actoras de esa escena de protesta; sin embargo, ese día otros alzaron la voz por ellas. Walter Regalo Quijano, Wilfredo Maguiña, poderosos empresarios chimbotanos, entre otros dirigentes del Frente de Defensa del Sector Conservero y actividades conexas de Chimbote, ese 07 de julio, fueron quienes se encargaron de explicar a la prensa y, por intermedio de estos, a los miles de chimbotanos, que el motivo de esa movilización de protesta, era por la intención del Gobierno Central, en la persona del entonces Ministro de Pesquería y empresario pesquero, Javier Reategui Rosello, de derogar el Decreto Supremo Nº 001-2002-PRODUCE, que disponía el uso exclusivo del jurel, caballa y sardina para el consumo humano directo. ¿Pero cómo nació este motivo de protesta? La causa se remonta a unos días antes. El 29 de junio del 2003, cuando en plena celebración de la fiesta de San Pedrito, Patrón de Chimbote, el entonces Ministro Javier Reategui visitó esta ciudad y declaró para el Diario La Industria de Chimbote, que sólo se necesitaban 5 embarcaciones para abastecer la Industria Conservera y el mercado de consumo humano directo de pescado para Chimbote (1), y como las especies eran migratorias se deberían tomar las "precauciones" del caso, palabra no muy afortunada del ministro que originó todo un férreo movimiento para defender la industria conservera de Chimbote y sus voceados, pero no probados, 40 mil puestos de trabajo que ésta genera. Para esos días el escenario era perfecto, la Cámara de Comercio y Producción de la Provincia del Santa había anunciado que a mediados de julio llevaría a cabo un Encuentro Regional del Sector Conservero, evento que contaría con la presencia del Ministro Javier Reategui, los defensores conserveros no vieron mejor oportunidad para realizar una movilización para advertir al Gobierno que no se iba a permitir la derogación de dicha norma, pese a que días previos ya los asesores del Ministerio de Pesquería habían afirmado que las palabras del Ministro Reategui habían sido malinterpretadas por el empresariado conservero chimbotano. El alcalde de la Municipalidad Provincial del Santa, Arquitecto Estuardo Díaz Delgado, así como sus homólogos de distritos cercanos, y diversas autoridades locales no tardaron en anunciar su apoyo y participación en la voceada movilización de protesta, y que decir del hoy Presidente Regional de Ancash y en ese entonces líder del Frente Independiente Moralizador de Chimbote, César Álvarez Aguilar, también hizo férrea defensa del D. S. 001-2002-Produce, y no podría ser de otro modo, pues la norma había sido dada cuando era Ministro de Pesquería su copartidario Eduardo Iriarte Jiménez. Los conserveros lograron que estás autoridades los apoyarán, y tampoco dudaron en acudir al Frente de Defensa de Desarrollo de la Provincia del Santa, para solicitarle su apoyo, lo cual si fue cuestionado por algunos integrantes de este organismo de la sociedad civil, por cuanto advertían que los empresarios conserveros sólo se acercaban al Frente de Defensa buscando el apoyo para sus intereses, empero cuando se trataba de luchar por el desarrollo integral de Áncash, simplemente se hacían de lado, pero, a pesar de todo ello, el Frente de Defensa, respaldó la protesta, puesto que el discurso del empresariado conservero caló hondo, era evidente que nadie podía estar en contra de los famosos y quizás no ciertos 40 mil puestos de trabajo. La protesta se llevó a cabo, miles de mujeres, salieron a las calles, el Diario de Chimbote informó en su edición del 08 de julio del 2003 que fueron un promedio de 3 mil trabajadoras conserveras las que protestaron. Ellas llevaban muy bien elaboradas pancartas en sus manos, con lemas en defensa del sector conservero, eran las protagonistas de la marcha, pero sólo se limitaban a gritar arengas pidiendo la exclusividad del jurel y la caballa para el consumo humano directo, mientras que delante de ellas, con grandes banderolas, en primera fila iban los dirigentes del sector conservero, repitiendo una y otra vez en su discurso la no derogatoria del D.S. 001- 2002- Produce, considerando que esto significaría dejar sin empleo a más de 40 mil mujeres chimbotanas. ¿? Todos los presentes repitieron ese discurso, pero nadie les preguntó a ellas si estaban conformes con lo que les pagaban estás fábricas conserveras, si estaban de acuerdo en trabajar ganando según su rendimiento, o sea, a destajo, si estaban de acuerdo con no tener beneficios sociales, esas preguntas nadie las hizo. Nadie se fijo en sus condiciones de trabajo, llámense duración de la jornada de trabajo, la categoría y la ocupación, el ambiente y otros elementos relativos a la actividad laboral de los trabajadores, en que se desempeñaban, nadie les preguntó si eran las adecuadas. No se reparó en eso, pero poco tiempo después si se dio cuenta que por presión o convicción en el aludido encuentro regional conservero el entonces llamado Ministro harinero, Javier Reategui, llegó a Chimbote cargado de buenas nuevas. En el mencionado encuentro no sólo ratifico la vigencia del jurel y la caballa para uso exclusivo del consumo humano directo, sino que además a su discurso político le agregó su anunció que convertir a Chimbote en el primer puerto conservero del mundo, ¿y las condiciones de trabajo de las mujeres conserveras?, fue la interrogante que nuevamente quedó en el tintero. Los empresarios estaban conformes con el anunció del Ministro, limaron asperezas y todo aparentemente volvió a la calma, calma que al parecer hasta ahora no hace reparar en ellos la promesa que hizo el Ministro y que nunca cumplió porque dicho sea de paso, hasta hoy Chimbote no tiene la calidad de primer puesto conservero del mundo. Sólo fue una promesa más. Pero lo sucedido en el 2003 en Chimbote, no está lejos de la realidad país, ya que pese a que según el artículo 23º de la Constitución Política del Perú el trabajo, en sus diversas modalidades, es objeto de atención prioritaria del Estado, promueve condiciones para el progreso social y económico, en especial mediante políticas de fomento del empleo productivo. Ninguna relación laboral puede limitar el ejercicio de los derechos constitucionales, ni desconocer o rebajar la dignidad del trabajador, ¿y los míseros salarios de las mujeres conserveras? A la luz de los antes manifestado el panorama nos muestra una realidad totalmente contradictora entre las ventajas que reciben los empresarios conserveros de parte del estado y las mujeres trabajadoras de ese sector. Si bien es cierto que la participación de la mujer, en la actividad económica, siempre ha estado a la sombra y no ha recibido el interés que sí ha tenido desde siempre la mano de obra masculina, y que las actividades realizadas por las mujeres en la estructura productiva, están signadas por los bajos ingresos y el menor prestigio social, frente a ellas se ha levantado un muro muy alto, y es el mismo estado, que desde los inicios de la conservería ha dado grandes beneficios a los empresarios, quienes para obtener estos beneficios se escudan en su promesa de brindarles puestos de trabajo a las mujeres conserveras. Para recordar, sólo es preciso señalar que los conserveros en 1976, fueron beneficiados por los certificados de exportación no tradicional (CERTEX), que no era otra cosa que una compensación económica que daba el Estado a empresarios conserveros en Lima con el 20% y demás ciudades con 30%, información recogida en un boletín preparado por el Centro de Integración y Comunicación Social (CINCOS), quien contrasta que mientras está beneficio se brindaba a los empresarios conserveros, las mujeres conserveras a penas y percibían con su trabajo de hasta 20 horas diarias un mísero salario a destajo. Esa es sólo una muestra de cómo el Estado beneficia al empresariado, mientras el alza del costo de vida, injusticia y explotación para las mujeres trabajadoras, que son el pilar fundamental de esta industria, crece. Es cierto que fue la industria conservera la que en 1945, con la instalación de la fábrica conservera Coishco, integró a la mujer en el proceso productivo de Chimbote, lo lamentable es que eso se haya dado en condiciones de explotación. La industria conservera necesita de la mujer por su habilidad manual, ya sea para la limpieza, fileteado o desmenuzado de pescado, sino sólo como muestra de 100 trabajadoras de las empresas conserveras 80 son mujeres, según fuente Ministerio de Pesquería DIREPE 1980, pero, insistimos, no se garantiza sus derechos como se lo merecen. Es por ello que en la actualidad sería importante que no se siga dejando sin respuesta aquella pregunta que podría significar el cambio de la calidad de vida de miles de mujeres que pese a ser el soporte de una de las industrias más importantes de nuestro país y en especial de Chimbote, siguen padeciendo la peor de las enfermedades del mundo, padecen de la indiferencia de sus autoridades. |
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